Imagínate trabajar día y noche, mandándole dinero a tu madre para que no le falte nada, y descubrir que lleva años comiendo basura de la calle. Lo peor de todo no es que el dinero haya desaparecido, sino enterarte de quiénes fueron las sabandijas que se lo estuvieron robando en su propia cara. Esta es la desgarradora historia de Guchuan y el secreto familiar que le rompió el corazón.