La injusta disputa por la repartición de los bienes familiares y la venganza silenciosa de Lei Ming, el hermano mayor, contra su codiciosa familia.
By One Team
August 11, 2026, 10:00 AM
¿Hasta dónde es capaz de llegar una familia por avaricia? Imagina trabajar como mula durante siete años para pagarle los estudios a tus hermanos, solo para que cuando consigan un buen puesto te traten como a un perro apestoso. Esta es la historia de Lei Ming, un hombre que soportó las peores humillaciones de su propia sangre, sin que ellos supieran que estaba a punto de darles la lección de sus vidas.
Todo comenzó en el pueblo, cuando el padre de Lei Ming, cegado por el coraje, levantó una piedra para golpearlo solo porque el muchacho ya no quería seguir alimentando parásitos. Por suerte, la abuelita brincó a defenderlo y encaró a toda la bola de descarados. Les recordó en su cara que Lei Ming era el mejor estudiante del pueblo, pero tuvo que dejar los estudios y partirse el lomo en el campo día y noche para pagarle la universidad a sus dos hermanos menores. ¿Y qué recibió a cambio? Que lo llamaran “inútil” y lo quisieran dejar sin un solo centavo.
Lei Ming, cansado de tanta injusticia, agarró a su abuelita y se la llevó a su humilde choza. Esa misma noche, para tranquilizar a la viejita, le enseñó su celular: ¡tenía 800 mil yuanes en la cuenta del banco! El dinero lo había ganado honradamente abriendo un restaurante en la ciudad. Sin embargo, la víbora de su madre estaba espiando tras la puerta. Escuchó que la contraseña era el cumpleaños de la abuela y, en cuanto todos se durmieron, entró con sigilo, le robó el teléfono a Lei Ming y le transfirió todo el billete a su hijo consentido, el segundo hermano.
Al día siguiente, los muy descarados corrieron a la oficina de ventas para comprarse un departamento de lujo al contado, presumiendo como si hubieran ganado la lotería. Pero la alegría les duró muy poco. Justo cuando estaban festejando con el certificado de propiedad en la mano, llegó Lei Ming vestido impecable y marcó directo a la policía para denunciar el robo de los 800 mil yuanes.
La familia entró en pánico total. El segundo hermano sabías que si caía la patrulla, no solo perdería la casa, sino también su puesto en el gobierno y su futuro. Desesperados, le rogaron a Lei Ming que negociaran. Lei Ming les puso una sola condición: firmar de inmediato el documento de separación familiar, donde renunciaba a ellos para siempre. Presionado por su esposa y sus hijos, el viejo no tuvo más remedio que estamparle la firma al papel, creyendo que con eso libraban al conde.
En cuanto quedó plasmada la firma, la madre y el hermano mostraron su verdadera cara de nuevo, insultando a Lei Ming y corriéndolo a patadas del lugar. Lo que no sabían es que cayeron redonditos en su trampa. En ese preciso instante, cruzó la puerta el mismísimo Director Jiang, el hombre más poderoso de la región con quien el hermano menor rogaba hacer negocios… y el juego apenas va empezando.